Publicado por:
Diego De la Cruz . Uno de los fundadores y administradores de Siete Esquinas. Lo puedes contactar en Twitter como cruzpe
Vi a la artista en el Complejo Cultural de la UNSA, me presenté y quedamos en conversar unos minutos frente a la cámara y su más reciente exposición (anunciada previamente en nuestra agenda, hasta el 31 de mayo). Entre otras cosas, nos cuenta porque retrata ángeles con ramas en vez de alas.
Diana Bedoya cursó estudios de arte en la Escuela Superior de Artes Carlos Baca Flor en la Especialidad de Pintura y tiene una maestría en Artes en la Universidad Nacional de San Agustín. Puedes visitar su completa web dianabedoya.com donde podrás contactarla y conocer más de su trayectoria.
Publicado por:
Diego De la Cruz . Uno de los fundadores y administradores de Siete Esquinas. Lo puedes contactar en Twitter como cruzpe
Previamente anunciado en nuestra agenda. Expo de Nereida Apaza en el ICPNA, Lima. Hoy apareció en la sección cultural del diario El Comercio. Agradecemos las fotos y el pdf a Raúl Chuquimia Ramos. ¡Felicitaciones Nereida!
Publicado por:
Francisco Malaga Uno de los fundadores y administradores de Siete Esquinas.
Lo puedes contactar, intimidar y amenazar en:
siete-esquinas@hotmail.com
Son diferentes los nombres con el que se le conocieron al volcán principal de la ciudad de Arequipa (Misti); los Aymaras lo conocen como Anukara Achachilla, Apu Anukara volcán, o simplemente Anukara (Bustinza y Huamán 2002: 43-45), cabe destacar que Anukara es una palabra aymara que en el Vocabulario de la lengua Aymara de Ludovico Bertonio significa perro (Bertonio 1984 [1612]: 20 segunda parte). El mito hace referencia, que en tiempos en donde el mundo era poblado por seres grandes, semidioses en la laguna sagrada de Chuquito (Titicaca) vivían muchos Apus como el Illimani, Sorata, Illampu, Polomani, Allinkapac y otros, todos ellos en familia, pacíficos y contentos. Un día un Apu se levanto y quiso ser el creador de una nueva dinastía de Apus, éste le robo el secreto de crear al Dios Inti. Una mañana dejo a sus hermanos y adopto la forma de un perro gigantesco y divino, puso sus pies camino a la diaria ruta del Inti, el Dios sol. El Anukara, anduvo y anduvo detrás del Inti, y estando por donde las tierras comienzan a bajar, descubrió con muy grande sorpresa que había habido otra laguna más grande que la de Chuquito, era el Jatun Kocha a quien tenía en frente; esto desconcertó al perro divino, detuvo su andar sentosé dubitativo. Mas no había salido de su asombro cuando ocurrió a su vista algo espantoso, en el Jatun Kocha se hundía el dios sol a quien seguía, espantado y con desesperanza, el Apu rebelde, mágicamente en su falaz de perro sentado, quedo petrificado para siempre; Pachacamac castigó al Apu por su rebeldía (Pastor 2001[1933]: 197-198). El topónimo Anukara obedece a la forma que toma le volcán visto desde el Altiplano (Puno) al atardecer, en donde su sombra se asemeja a un “perro sentado” contemplando la caída del sol (Bustinza y Huamán 2001).
Otro de los topónimos del volcán, fue Putina. En la Instrucción para descubrir todas las Huacas del Pirú y sus camayos y haziendas, escrita por el extirpador de Idolatrías Cristóbal de Albornoz en 1582, se hace mención de que existe una Huaca Pacarisca “…sobre el bolcán de la ciudad [de Arequipa] que se llama Putina…” (Albornoz 1989 [1582]: 170). De igual manera los cronistas: Juan de Santa Cruz Pachacuti Yanqui Salcamaygua y Guamán Poma de Ayala mencionan la palabra Putina asociada a un volcán que se ubica en la ciudad de Arequipa (Julien 2002:13-14). Putina es el nombre con el que los puquinas conocían al volcán arequipeño; cabe destacar que Putina deriva de “Pujtina”, que literalmente significa: la montaña que produce terremotos, la montaña que erupciona (Bustinza y Huamán 2002: 45).
Durante el periodo colonial se habría llamado San Francisco, habría adoptado este nombre en oposición al antrito que tuvo. Los religiosos europeos, principalmente los católicos, al tener conocimiento de que los volcanes eran objeto de veneración por parte del hombre andino optaron por conjurarlo y bautizarlo, lo que implicaba cambiar de nombre, adoptando el de algún santo cristiano (Peraldo y Mora 1995: 97).
El topónimo del volcán fue desconocido durante el período colonial; Ventura Travada y Córdova en su obra El suelo de Arequipa convertido en cielo, escrita a mediados del siglo XVIII, escribía: “…cuando la peruana gentilidad fue tan prolija en poner nombres a los innumerables montes que tiene este vasto imperio, sin dejar sin nombre aun al que no lo mereciera por su pequeñez, siendo este volcán [de la ciudad de Arequipa] el gigante de todos los montes, y él cuando se distingue de todos los demás en su altura, debía diferenciarse con algún nombre su grandeza, a éste sólo lo dejaron sin él” (Travada y Córdova 1958[1752?]: 52).
Es recién a finales del siglo XVIII que se le comienza a llamar como Misti; luego de haberse realizado una ascensión al volcán el 10 de octubre de 1787, se realizó una relación que se denominó: Anadiplosis a la descripción topográfica de el volcán de Arequipa nombrado Miste por los naturales, esta es la primera referencia en donde se hace mención de que el volcán principal de Arequipa es nombrado como Miste (Barriga 1941: 17). El topónimo Misti no tiene ninguna connotación ritual ni cosmogónica, pero sí geográfica (Bustinza y Huamán 2002: 50). Es a partir de finales del siglo XVIII hasta nuestros días que se le llama como Misti.
Bibliografía
ALBORNOZ, Cristóbal de (1989) [1582], “Instrucción para descubrir todas las huacas del Pirú y sus camayos y haciendas”; en: Fábulas y Mitos de los Incas; C. de Molina; C. de Albornoz; edición de Enrique Urbano y Pierre Duviols; pp. 161-198. Crónicas de América 48, Historia 16, Madrid.
BARRIGA, Víctor M. (1941), Memorias para la historia de Arequipa, 1786-1791. Documentos de los Archivos de Sevilla y Arequipa. Tomo I. Editorial La Colmena, S. A., Arequipa.
BERTONIO, Ludovico (1984) [1612], Vocabulario de la lengua Aymara. Reimpresión facsimilar; CERES, IFEA, MUSEF, Cochabamba – Bolivia.
BUSTINZA MENÉNDEZ, Julio A. y Luis D. HUAMÁN ASILLO (2002), “El topónimo original del volcán Misti”; en: Historia 5, Revista de la Escuela Profesional de Historia. pp. 41-51, UNSA, Arequipa.
JULIEN, Catherine (2002), “Las huacas pacariscas de Arequipa y el Volcán Misti”; en: Historia 5. Rev. De la Escuela Profesional de Historia, pp. 9-40. UNSA, Arequipa.
PASTOR, Francisco (2001) [1933], “Anukara – Teogonía del Misti”; en: Historia 4. Rev. De la Escuela Profesional de Historia, pp.197-198. UNSA, Arequipa.
PERALDO HUERTAS, Giovanni y Mauricio MORA FERNÁNDEZ (1995), “Las erupciones volcánicas como condicionantes sociales: casos específicos de América Central”; en: Anuario de Estudios Centroamericanos, núm. 21 (1-2); pp. 83-110. Universidad de Costa Rica, Costa Rica.
TRAVADA y CÓRDOVA, Ventura (1958) [1752?], El suelo de Arequipa convertido en cielo. I Festival del Libro Arequipeño, Arequipa.
Publicado por:
Francisco Malaga Uno de los fundadores y administradores de Siete Esquinas.
Lo puedes contactar, intimidar y amenazar en:
siete-esquinas@hotmail.com
Don Mario
Por César Félix Sánchez Martínez
Cada cierto tiempo emerge la pregunta de si don Mario Vargas Llosa, el más famoso escritor peruano, es en efecto peruano. No corresponde aquí ahondar sobre las aporías de la peruanidad ni los “requisitos necesarios” para ser o no ser peruano, baste mencionar que de todas las figuras del mundo de la cultura nacional, es la que ha recibido mayores cuestionamientos con respecto a esos temas, usualmente de parte del “público de a pie”. El “público de a pie” no pocas veces tomó esos cuestionamientos del aparato propagandístico de los últimos años del primer alanato y de las sentinas infames del régimen de Fujimori, que reivindicaba un Perú de parias y magnates, hermanados todos en la informalidad y la amoralidad. Allí no cabían curas, ni caviares y mucho menos novelistas sesenteros.
Sin embargo no todos los cuestionamientos resultaban tan superficiales. Algo en las actitudes, en los dichos, hechos y gestos de don Mario siempre parece extraño y ajeno. Ahora SieteEsquinas apela al parecer del público acerca de si siente la arequipeñidad de Vargas Llosa. Pregunta capciosa, si las hay, pero no por eso menos respondible.
En primer lugar consideremos tres factores fundamentales: 1) Vargas Llosa nació en Arequipa. Usualmente se considera que uno pertenece al lugar donde ha nacido, pero eso no agota nuestra pertenencia ni identidad, 2) Vargas Llosa proviene de una familia arequipeña, que según confesión del propio escritor, le inculcó desde niño mientras vivían en el extranjero (ese extranjero tan comarcano como es Bolivia) el culto a la patria o a la matria, más exactamente en este caso. Cuenta en El Pez en el Agua la emoción avasallante que sintió la primera vez que regresó a Arequipa, ya con uso de razón. Siendo la patria como diría Fustel de Coulanges o Renan –no recuerdo bien- “la tierra y los muertos”, podemos considerar este amor tradicional familiar de Vargas Llosa hacia Arequipa como un rasgo mayor de arequipeñidad que el anterior, 3) Vargas Llosa en varias ocasiones ha manifestado su voluntad de ser arequipeño, quizá incluso en más ocasiones que la de ser peruano, siendo este último rasgo el que nos confirma más que ninguno su arequipeñidad.
Ahora, el hecho de haber vivido muy poco en nuestra ciudad, contribuyó a convertirlo en un sujeto incategorizable en la fauna pública local de su generación. De haber vivido aquí hubiera pertenecido a la generación joven de demócrata cristianos ya sea en la política o en la academia como los hermanos Bustamante Belaunde o los hermanos Cornejo Polar. Pero lo cierto es que se parece tanto a ellos como a los telúricos poetas y literatos locales de los cincuenta como Oswaldo Reynoso o los hermanos Bacacorzo. Es decir nada. O muy poco.
Siento a Vargas Llosa como arequipeño. Y eso no quiere decir que deje de sentirlo extraño. Don Mario es una suma de paradojas algo unheimlich, para utilizar el término freudiano. Maynor Freire lo entrevistó hará más de cuarenta años, cuando recién acababa de ser publicada La Ciudad y los Perros. Esperaba encontrarse con alguien un tanto cunda como el Jaguar o por lo menos empapado de algo del vitalismo prosaico de Hemingway o por lo menos del estoicismo prosaico de Faulkner, figuras a las que Vargas Llosa rendía culto casi fanático. Pero encontró a una especie de joven lord afrancesado, sentado en una silla de jardín, que con voz sofisticada y elegante le enseñaba al muchacho sanmarquino Maynor las plantas ornamentales que su suegro había traído de Senegal.
A veces enmascarado, a veces descarnado, casi siempre ambas cosas al mismo tiempo, quizá don Mario no sea más que un niño arequipeño desterrado, que respondió a los múltiples desengaños y violencias del mundo con ambición y orgullo, respuesta que a pesar de bodrios como Los Cuadernos de don Rigoberto y otros muchos, resultó mucho más positiva que intentar ser la cuarta espada de la Revolución o un viejo hombre de Inteligencia.
(P.S.: Ha muerto hace días J. D. Salinger, gran escritor norteamericano. Mi más sentido pésame a I. L.G. que me enseñó a disfrutarlo)
.
Esta obra se publica bajo una licencia de Creative Commons. Cita este blog como tu fuente, no lucres con nuestros contenidos y no te olvides de compartir.